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Noticias

Nuevo tratamiento para la salud mental

hace 2 meses

La experiencia, nuevo tratamiento para la salud mental

Una asociación de Alicante contrata a dos enfermos recuperados para que lideren grupos de apoyo y aporten sus conocimientos

Modesto y Chus reciben uno a uno a los miembros de un Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) del que son responsables. Los conocen a todos, los saludan por su nombre, los abrazan, besan o chocan sus manos. Son una veintena de personas. Poco a poco, van acomodándose en las sillas de la amplia y luminosa sala, dispuestas en un círculo cuyo centro ocuparán Chus y Modesto, una vez que estén todos sentados. Todos los integrantes de este grupo están diagnosticados con alguna enfermedad mental. Modesto y Chus, trabajadores contratados de la Asociación para la Defensa e Integración de las personas con Enfermedad Mental (Adiem), también. Ambos padecen un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

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Tanto uno como la otra forman parte del proyecto Goreprovi, desarrollado por Adiem en sus cuatro sedes repartidas por la provincia de Alicante. Según Francisco Canales y Nuria Díaz-Regañón, gerente y psicóloga de la asociación, respectivamente, se trata de “una apuesta por dar voz y protagonismo a los verdaderos expertos en salud mental, los propios usuarios de recursos de rehabilitación psicosocial y sanitaria”. La finalidad es “apoyar y orientar a aquellas personas que están empezando su proceso de recuperación tras un diagnóstico de enfermedad mental”. “Es un proyecto transversal a toda la entidad”, explica Canales. Modesto y Chus participan en todos los servicios de la casa. Incluso dan charlas fuera, en institutos, universidades y asociaciones de padres.

“La conexión emocional entre personas que han vivido una situación similar es mucho más potente que si media un profesional”, asevera Canales. De las charlas iniciales, han pasado también a “la acogida de la gente que viene por primera vez a acceder a nuestros recursos”, indica Díaz. Su presencia facilita la “adhesión a los tratamientos”. “Los nuevos usuarios se encuentran con alguien que les trata de igual a igual”, continúa la psicóloga, “alguien que sabe lo difícil que es hablar de la enfermedad”. Así, Modesto y Chus se sienten “superútiles”. Y el contrato “les dignifica, afrontan sus necesidades básicas sin ayuda de terceros”.

A ninguno de los dos les ha resultado fácil llegar hasta este puesto. Modesto Cidoncha (Lieja, 1970) ya tenía “problemas de comportamiento y agresividad” antes de los 19 años, cuando su familia decidió regresar a España desde Bélgica. Al llegar, comenzó a trabajar en el sector de la hostelería, donde fue demostrando su incapacidad para someterse a la autoridad, viniera de donde viniera. “Hice el servicio militar en Zaragoza”, recuerda, “y me pasé seis meses en los calabozos por mala conducta”. “Todos me decían que debía ir al psicólogo, pero yo lo veía como uno de esos manicomios antiguos de las películas en los que te atan y maltratan”. Él no tenía conciencia de estar tan enfermo.

Sin embargo, su agresividad no hacía más que crecer. Incluso en el ámbito familiar. Así que, con 22 años, se convirtió en un ermitaño en Cazorla, donde pasó unos meses viviendo solo. “Me llevé sedal, ropa y unos machetes”. Comía de lo que pescaba y algo de caza. “Hasta que me sentí recuperado”, señala, “y decidí volver a la civilización”. Fue en ese momento cuando decidió dejar de consumir todo tipo de drogas, desde cocaína y speed, hasta peyote”. “Lo dejé todo, menos el hachís, que me daba sensación de libertad”.

Posteriormente, probó el sector del transporte y se convirtió en camionero por toda Europa. “El trabajo me gustaba, pero hay veces que las empresas se comportan como mafias y tú conduces de más y descansas de menos”, asegura. Y la situación no hacía más que alimentar su “rebeldía”. Con el fin de “hacer recorridos más cortos para poder descansar”, decidió dejar el transporte internacional y pasar al local. “Pero un día”, relata, “me pasé 36 horas conduciendo para cubrir un refuerzo”. Y estalló. En 2008, estampó el camión contra las paredes de la fábrica en que trabajaba. Los dueños, un grupo familiar, intentaron agredirle. “Por suerte, un policía pasó por allí y medió”, evoca Modesto, “me aconsejó visitar a un médico porque decía que estaba muy alterado”.

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El panel del grupo, donde sus miembros escriben sus mensajes e impresiones sobre la terapia de apoyo.

Modesto pasó un año en casa, sin salir. Pero, poco a poco, los psicólogos de la sede de Torrevieja (Alicante) de Adiem consiguieron recuperarle. Hasta ha dejado de consumir hachís. Más o menos, el mismo trayecto seguido por María Jesús Rodrigo (Burgos, 1966), Chus, quien acabó al cuidado de la asociación después de haber pasado por la anorexia, la bulimia, la ansiedad y la agorafobia desde los 18 años. “Me he pasado toda la vida en ambulancias”, se lamenta, “y la única solución que me daban los médicos eran las pastillas, me daban un par de trankimazines sin contar conmigo”. “En los hospitales, lo único que hacían era engordarme como a los cerdos”, insiste. “Primero llegué a pesar 36 kilos, era un esqueleto viviente”, cuenta. Después, llegó a “dejar sin comida” a sus padres por la bulimia, que la obligaba a “vomitar sin parar, hasta sangre”.

Ella no era consciente de su delgadez extrema. “Con la anorexia, los espejos se vuelven como los de las ferias, yo me miraba y la percepción era de que mis caderas aumentaban”, dice. Como no comía, su cuerpo le pedía “algo”. Y ella sustituía las proteínas y vitaminas “por alcohol y drogas”. “También era una desbocada con el dinero”, reconoce, “iba de compras compulsivamente, era un monstruo, me sentía como un monstruo”. Tras sufrir una braquicardia y después de que los médicos tardaran ocho horas en reanimarla, en 2006 comenzó un periodo de dos años en los que se encerró en casa y desarrolló la agorafobia. “Solo hablaba con la perra, no quería saber nada de nadie, no podía ni salir al balcón”, relata, “ni me levantaba de la cama, ni comía, ni me aseaba”. “Se me olvidó hasta hablar”, confiesa.

Su condición de mujer agravaba, además, la situación. “Con un hombre no pasa lo mismo, nosotras llevamos la carga familiar de casarnos, tener hijos y cuidar una casa, tienes el doble de presión pese a estar enferma”, denuncia. La intervención de los psicólogos y la ayuda de sus padres la salvaron. Progresivamente, fue aceptando el tratamiento hasta acabar en una vivienda tutelada, donde “empecé a coger la carne y a cocinar”. Le dieron las llaves de su casa “y ahí empecé a madurar”. “Ahora sé lo que soy, conozco mis síntomas, sé que no soy un bicho raro”, declara. De monstruo, ha pasado a “marujilla”, suelta, con una carcajada.

Tanto Modesto como Chus firmaron sus contratos laborales hace un año. Ahora ponen su experiencia al servicio de otras personas con enfermedades mentales “para que los demás no tengan que pasar lo mismo”, dice Chus. “El GAM es un grupo donde se puede hablar, donde la gente se suelta, donde nadie te juzga ni se ríe de ti”, apunta Modesto. Ningún profesional les acompaña. Y solamente hay una norma, “la confidencialidad”. Nada de lo que se comenta durante la sesión atraviesa la puerta de salida. El aforo se ha duplicado, de diez personas que asistían el año pasado, se ha pasado a veinte. La reunión en la que reciben la visita de EL PAÍS da comienzo. Tres usuarios solicitan no ser fotografiados, pero todos hablan sin importarle la presencia de periodistas. Modesto y Chus les preguntan y les aconsejan. “Saben que no están solos”, afirma Modesto. “Por donde pasan ellos, nosotros ya hemos estado”, zanja Chus.

Artículos

Hospital de Día

hace 2 meses

Históricamente el nacimiento de los H.D va ligado al de las Comunidades Terapéuticas como recursos de terapia social en psiquiatría que suponen una hospitalización parcial de los pacientes en el medio comunitario distinto y alternativo al ingreso crónico en los hospitales psiquiátricos tradicionales. Estos espacios alternativos de carácter social o comunitario se caracterizaron inicialmente por diversas formas de terapia social, especialmente ligada a la psicoterapia grupal basada en principios psicoanalíticos, que se desarrolló durante la década de 1940 en Inglaterra (Clark,1982).

Los dispositivos de Hospital de Día se fueron distinguiendo de la Comunidad Terapéutica progresivamente por el tipo de población al que atendían. Las Comunidades Terapéuticas se especializan en el tratamiento rehabilitador de pacientes que ingresan voluntariamente en ellas, en régimen abierto durante medio año a dos años, y que han tenido fracasos terapéuticos previos en otros dispositivos; mientras que el H.D admite a pacientes con situaciones de crisis aguda, subaguda o crónica durante el tiempo de una jornada laboral (p.e mañanas) y con un seguimiento de varios meses hasta la resolución o mejoramiento de su cuadro o crisis; también en un espacio abierto y de carácter voluntario.

TDAH

06/01/2014

Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)

Escrito por  Super User
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Caracterizado por la presencia de tres conjuntos de síntomas, que suelen aparecer en la infancia :

(1) Déficit de atención : Incapacidad para prestar atención y mantenerla de manera adecuada para llevar a cabo tareas escolares, juegos y otras actividades adaptativas,

(2) Hiperactividad : Inquietud constante con movimientos y desplazamientos continuos, con actividad motora excesiva e inadecuada para la situación

(3) Impulsividad : Incapacidad para esperar o demorar la acción que lleva a interrumpir con frecuencia a otros, incapacidad de guardar turnos o esperar una gratificación.

Caso clínico:

Eduardo es un niño de 9 años de edad que es enviado al servicio de salud mental a petición de los profesores de la escuela, por los problemas que les crea en clase. Su profesor comunica que es un niño tan nervioso e intranquilo que sus compañeros de clase no pueden concentrarse. Apenas puede permanecer sentado en una silla un rato; se levanta, se mueve por la clase y habla con los otros niños mientras están trabajando. Cuando el profesor consigue que se siente, agita sus pies y manos y tira las cosas al suelo. No parece saber que va a hacer a continuación y puede repentinamente hacer cosas escandalosas. Su expulsión mas reciente fue por balancearse en el lugar de sujeción de un fluorescente de la clase. Como no se podía bajar, la clase se convirtió en un gallinero. La madre de Eduardo comunica que su conducta ha sido problemática desde que era un bebé y que a los 3 años era un torbellino. Siempre ha dormido poco y ha sido el primero en levantarse. Se suele levantar a las 5 de la madrugada y husmear y remover todo, encontrando los padres cuando se levantan el salón y la cocina hecha un desastre. De pequeño no fue aceptado en una guardería por su comportamiento. Los tests psicológicos muestran que Eduardo tiene unas capacidades normales al promedio de la clase, pero su rendimiento es inferior al que cabría esperar. Tiene un nivel de atención muy bajo y no le gustan los juegos que requieren concentración. Sus juguetes están destrozados y prefiere jugar con el perro o salir con la bici fuera de casa. No es muy popular entre sus compañeros.

Eduardo es diagnosticado de trastorno hiperactivo.

En EE UU, 4,5 millones de niños de 5 a 17 años han recibido un diagnóstico de TDAH. «En nuestro país, entre un cuatro y un siete % de la población infantil y adolescente tiene este trastorno. Es decir, que unos 350.000 niños tienen este problema y unos 112.000 niños y adultos están medicados de promedio mensual»

TRASTORNO BIPOLAR (2)

06/01/2014

Trastorno Bipolar. Tratamiento.

Escrito por  Justo Cano
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Esta es la enfermedad psiquiatrica con mayores recursos terapéuticos. Disponemos de fármacos que regulan la fase euforica, disponemos de medicamentos que solucionan la fase depresiva y tambien disponemos de tratamientos que controlan tanto la frecuencia como la intensidad de las recaidas.

Estabilizadores del humor: Litio, Valproato, Oxcarbazepina, Otros.

Fármacos para las fases maníacas: Neurolepticos: Haloperidol, Levomepromazina, Clotiapina, Risperidona, Olanzapina, Quetiapina, Arpiprazol, Sertindol, Paliperidona, Asenapina, Otros.

Antidepresivos en la fase depresiva del trastorno bipolar: Paroxetina, Sertralina, Venlafaxina, desvenlafaxina, Amitriptilina, Fluoxetina, Citalopram, Escitalopram, Otros.

Otros fármacos utilizados: Ansiolíticos, hipnoticos, etc.

El Litio tiene un efecto preventivo sobre las recaidas al impedir las oscilaciones patológicas del trastorno.

Apoyo psicológico:

Muchos pacientes se benefician del apoyo psicológico que les permite afrontar con entereza las dificultades que comporta la enfermedad, aprendiendo a reconocer los síntomas iniciales de una posible descompensación. El paciente bipolar debe de tener un estilo de vida sano, sin habitos toxicos, sin alcohol ni sustancias estimulantes. El ejercicio y la regulación del sueño son muy importantes. Evitar factores de estres y en la medida de lo posible evitar trabajos que conlleven cambios en los ritmos biológicos (sueño-vigilia). No realizar regimenes rigurosos ya que el hambre puede aumentar la irritabilidad y la ansiedad. En definitiva, tener regularidad en habitos, alimentación, ejercicio,  y sueño.

Que debe saber la familia del paciente bipolar: detectar lo más pronto posible los síntomes que indican descompensacion.

-Nivel de actividad: aumento brusco de actividad, euforia. O fase depresiva tras una fase euforica.

-irritabilidad: disforia, disputas, mayor intolerancia

-Productividad verbal: hablar más de la cuenta, más rápido, mayor volumen, cambios de tematica discursiva, interrupciones frecuentes, euforia.

-Sueño: Disminucion de sueño sin cansancio, en fase precos se detecta como sintoma fundamental. El sujeto duerme 3-5 horas.

-Aparición de nuevos proyectos e intereses: de forma repentina, poco razonada con elevada posibilidad de fracaso.

-Cambios del estado de ánimo: sobre todo en intensidad y no relacionados con la causa. (tanto para la depresión como en la manía)

La persona que padece una enfermedad bipolar es basicamente, la mayor parte del tiempo, una persona normal, por lo que en este sentido debe ser tratado. Ahiora bien, en las descompensaciones hay que apoyarlo, dirigirlo hacia su tratamiento que será diferente si presenta una fase euforica o una fase depresiva. Tener mucha paciencia ya que la enfermedad no es dominable por el paciente, no es intencionada.

Hospitalizaciones:

En algunas ocasiones resulta necesario hospitalizar al paciente en contra de su voluntad para evitar las consecuencia negativas que se podrian derivar de su estado ya sea por una fase euforica de tipo maníaca o por una fase depresiva inhibida con ideas de suicidio. Tambien es aconsejable el ingreso involuntario si el paciente se negara a tratarse o tomar su medicacion o por ideas delirantes psicóticas. la familia debe de tener claro que cuando ésta tramita un ingreso, no se esta actuando en contra del paciente, sino en contra de  su enfermedad.

TRASTORNO BIPOLAR (1)

06/01/2014

Trastorno Bipolar. Fase maníaca

Escrito por  Justo Cano
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TRASTORNO BIPOLAR

Consiste en un trastorno caracterizado por el paso de un episodio maniaco o hipomaniaco a otro depresivo y viceversa (ver apartados sobre manía, hipomanía y depresión). Suele pasar por fases temporales de estos episodios y sus opuestos. También pueden mezclarse síntomas de ambos episodios, y entre ambos puede haber periodos mas o menos largos de normalidad emocional. Tradicionalmente se le llamó, psicosis maniaco- depresiva. Se distingue dos tipos : Trastorno Bipolar I ( Ha tenido al menos un episodio de manía totalmente desarrollado en sus fases) y Trastorno Bipolar II ( No ha tenido en sus fases un episodio de manía totalmente desarrollado). Pueden aparecer en estos episodios alucinaciones o delirios relacionados con el estado anímico.

FASE MANÍACA DEL TRASTORNO BIPOLAR

Caracterizada por la presencia de episodios de estado de animo exaltado, expansivo, irritable o suspicaz de carácter claramente anormal e intenso, que dura mas de una semana o ser tan intenso que requiera ingreso hospitalario. Puede alternarse con periodos depresivos (ver apartado de trastorno bipolar). La persona  debe presentar al menos tres de los siguientes síntomas : aumento exagerado de la inquietud o la actividad, aumento notable de la locuacidad (la persona habla rápida y excesivamente y es difícil pararle), fuga de ideas y pensamiento acelerado (habla de muchas cosas que parecen no tener conexión entre si), perdida de inhibiciones y control personal que da lugar a comportamientos inadecuados (comportamientos provocativos de tipo sexual, comportamientos temerarios que ponen en peligro la vida del paciente o la de otros) , disminución de la necesidad de sueño, aumento exagerado de la autoestima o ideas de grandeza e importancia extremas, facilidad para distraerse y cambiar con frecuencia de planes, marcado aumento del deseo sexual e indiscreciones sexuales. Pueden aparecer o no síntomas asociados de tipo psicótico (alucinaciones e ideas delirantes) pero de tipo distintas a las esquizofrénicas (por ejemplo ideas de grandeza e importancia, de tipo erótico, etc), y que desaparecen al estabilizarse el estado de ánimo.

Caso clínico:   Francisco de 40 años, mecánico  es remitido a la consulta psiquiátrica  donde le acompaña su mujer. Esta refiere que lleva dos semanas muy hablador, que apenas duerme, y que le despierta de manera continuada en la noche para hacer el amor con ella. Además tiene un terreno en el campo en el que está casi toda la tarde trabajando después del taller de coches. El paciente interrumpe varias veces a su mujer y se muestra chistoso, ofreciendo tabaco al terapeuta, se levanta y camina por la consulta, diciendo que el está muy contento y que no tiene ninguna depresión. Se muestra muy sonriente, y dice que no le ve nada malo en desear hacer tanto el amor, que para eso están casados. Después comienza a hablar de que sus hermanos se han aprovechado de su capacidad de trabajar y que “ya está bien de que le den por el culo”; y en ese momento comienza a desabrocharse los pantalones y a bajárselo, teniendo que ser contenido por su mujer. Constantemente se muestra hablador, marchándose de un tema a otro sin continuidad y cogiendo y soltando varios objetos de la mesa del terapeuta.

DEPRESIÓN

06/01/2014

¿Qué es la depresión?

Ocasionalmente, todos nos sentimos melancólicos o tristes, pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y desaparecen en unos días. Cuando una persona tiene un trastorno depresivo, este interfiere con la vida diaria y el desempeño normal y causa dolor tanto para quien padece el trastorno como para quienes se preocupan por él o ella. La depresión es una enfermedad común pero grave y la mayor parte de quienes la padecen necesitan tratamiento para mejorar.

Muchas personas con una enfermedad depresiva nunca buscan tratamiento. Pero la gran mayoría, incluso aquellas con los casos más graves de depresión, pueden mejorar con tratamiento. Intensivas investigaciones de la enfermedad han resultado en el desarrollo de medicamentos, psicoterapias, y otros métodos para tratar a las personas con este trastorno incapacitante.

La depresión es una enfermedad común pero grave.
La mayor parte de quienes la padecen necesitan tratamiento para mejorar.

¿Cuáles son los diferentes tipos de depresión?

Existen varios tipos de trastornos depresivos. Los más comunes son el trastorno depresivo grave y el trastorno distímico.

El trastorno depresivo grave, también llamado depresión grave, se caracteriza por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer, y disfrutar de las actividades que antes resultaban placenteras. La depresión grave incapacita a la persona y le impide desenvolverse con normalidad. Un episodio de depresión grave puede ocurrir solo una vez en el curso de vida de una persona, pero mayormente, recurre durante toda su vida.

El trastorno distímico, también llamado distimia, se caracteriza por sus síntomas de larga duración (dos años o más), aunque menos graves, pueden no incapacitar a una persona pero sí impedirle desarollar una vida normal o sentirse bien. Las personas con distimia también pueden padecer uno o más episodios de depresión grave a lo largo de sus vidas.

Algunas formas de trastorno depresivo muestran características levemente diferentes a las descritas anteriormente o pueden desarrollarse bajo circunstancias únicas. Sin embargo, no todos los científicos están de acuerdo en cómo caracterizar y definir estas formas de depresión. Estas incluyen:

Depresión psicótica, que ocurre cuando una enfermedad depresiva grave está acompañada por alguna forma de psicosis, tal como ruptura con la realidad, alucinaciones, y delirios.

Depresión posparto, la cual se diagnostica si una mujer que ha dado a luz recientemente sufre un episodio de depresión grave dentro del primer mes después del parto. Se calcula que del 10 al 15 por ciento de las mujeres padecen depresión posparto luego de dar a luz.

El trastorno afectivo estacional, se caracteriza por la aparición de una enfermedad depresiva durante los meses del invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar. La depresión generalmente desaparece durante la primavera y el verano. El trastorno afectivo estacional puede tratarse eficazmente con terapia de luz, pero aproximadamente el 50% de las personas con trastorno afectivo estacional no responden solamente a la terapia de luz. Los medicamentos antidepresivos y la psicoterapia pueden reducir los síntomas del trastorno afectivo estacional, ya sea de forma independiente o combinados con la terapia de luz.2

El trastorno bipolar, también llamado enfermedad maniaco-depresiva, no es tan común como la depresión grave o la distimia. El trastorno bipolar se caracteriza por cambios ciclicos en el estado de ánimo que van desde estados de ánimo muy elevado (por ejemplo, manía) a estados de ánimo muy bajo (por ejemplo, depresión).

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

No todas las personas con enfermedades depresivas padecen los mismos síntomas. La gravedad, frecuencia, y duración de los síntomas pueden variar según la persona y su enfermedad en particular.

Síntomas

Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, o vacío
Sentimientos de desesperanza y/o pesimismo
Sentimientos de culpa, inutilidad, y/o impotencia
Irritabilidad, inquietud
Pérdida de interés en las actividades o pasatiempos que antes disfrutaba, incluso las relaciones sexuales
Fatiga y falta de energía
Dificultad para concentrarse, recordar detalles, y para tomar decisiones
Insomnio, despertar muy temprano, o dormir demasiado
Comer excesivamente o pérder el apetito
Pensamientos suicidas o intentos de suicidio
Dolores y malestares persistentes, dolores de cabeza, cólicos, o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento
¿Qué enfermedades coexisten con la depresión?

La depresión a menudo coexiste con otras enfermedades. Tales enfermedades pueden presentarse antes de la depresión, causarla, y/o ser el resultado de esta. Es probable que la mecánica detrás de este cruce entre la depresión y otras enfermedades difiera según las personas y las situaciones. No obstante, estas otras enfermedades concurrentes deben ser diagnosticadas y tratadas.

Los trastornos de ansiedad, tales como el trastorno de estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la fobia social, y el trastorno de ansiedad generalizada, acompañan frecuentemente a la depresión. Las personas que padecen trastorno de estrés postraumático están especialmente predispuestas a tener depresión concurrente. El trastorno de estrés postraumático es una enfermedad debilitante que puede aparecer como resultado de una experiencia aterradora o muy difícil, tal como un ataque violento, un desastre natural, un accidente, un ataque terrorista, o un combate militar.

Las personas con trastorno de estrés postraumático a menudo reviven el suceso traumático con escenas retrospectivas (retroceso al pasado), recuerdos, o pesadillas. Otros síntomas incluyen irritabilidad, arrebatos de ira, profundo sentimiento de culpa, y evasión de pensamientos o conversaciones sobre la experiencia traumática. En un estudio financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH por sus siglas en inglés), investigadores descubrieron que más del 40 por ciento de las personas con trastorno de estrés postraumático también sufrieron de depresión en intervalos de uno y cuatro meses luego de la experiencia traumática.

El abuso o la dependencia del alcohol o de otras sustancias también pueden ser coexistentes con la depresión. De hecho, investigaciones han indicado que la coexistencia de trastornos del ánimo y la adicción a sustancias son dominantes entre la población de los Estados Unidos.6

La depresión a menudo coexiste con otras condiciones médicas como enfermedad cardiaca, derrame cerebral, cáncer, VIH/SIDA, diabetes, y la enfermedad de Parkinson. Estudios han demostrado que las personas que padecen depresión además de otras enfermedades médicas graves, tienden a presentar síntomas más graves, tanto de la depresión como de las enfermedades médicas, a adaptarse con mayor dificultad a su condición médica, y a tener que afrontar costos médicos más altos que aquellas que no tienen depresión coexistente.7 Investigaciones han obtenido una cantidad creciente de evidencia de que tratar la depresión también puede ayudar a mejorar la evolución de la enfermedad concurrente.8

¿Qué causa la depresión?

No existe una causa única conocida de la depresión. Más bien, esta parece ser el resultado de una combinación de factores genéticos, bioquímicos, y psicológicos.

Investigaciones indican que las enfermedades depresivas son trastornos del cerebro. Las tecnologías para obtener imágenes del cerebro, tales como las imágenes por resonancia magnética, han demostrado que el cerebro de las personas con depresión luce diferente del de quienes no la padecen. Las áreas del cerebro responsables de la regulación del ánimo, pensamiento, apetito, y comportamiento parecen no funcionar con normalidad. Además, hay importantes neurotransmisores, sustancias químicas que las células del cerebro utilizan para comunicarse, que parecen no estar en equilibrio. Pero estas imágenes no revelan las causas de la depresión.

Investigaciones indican que las enfermedades depresivas son trastornos del cerebro.

Algunos tipos de depresión tienden a transmitirse de generación en generación, lo que sugiere una relación genética. Sin embargo, la depresión también puede presentarse en personas sin antecedentes familiares de depresión. La investigación genética indica que el riesgo de desarollar depresión es consecuencia de la influencia de múltiples genes que actúan junto con factores ambientales u otros.

Además, los traumas, la pérdida de un ser querido, una relación dificultosa, o cualquier situación estresante puede provocar un episodio de depresión. Episodios de depresión subsiguientes pueden ocurrir con o sin una provocación evidente.

¿Cómo experimentan las mujeres la depresión?

La depresión es más común en mujeres que en hombres. Hay factores biológicos, de ciclo de vida, hormonales, y psicosociales que son únicos de la mujer, que pueden ser relacionados con que las tasas de depresión sean más elevadas entre las mujeres. Investigadores han demostrado que las hormonas afectan directamente las sustancias químicas del cerebro que regulan las emociones y los estados de ánimo. Por ejemplo, las mujeres son particularmente vulnerables a la depresión luego de dar a luz, cuando los cambios hormonales y físicos junto con la nueva responsabilidad por el recién nacido, pueden resultar muy pesados. Muchas mujeres que acaban de dar a luz padecen un episodio breve de tristeza transitoria, pero algunas sufren de depresión posparto, una enfermedad mucho más grave que requiere un tratamiento activo y apoyo emocional para la nueva madre. Algunos estudios sugieren que las mujeres que padecen depresión posparto, a menudo han padecido previos episodios de depresión.

Algunas mujeres también pueden ser susceptibles a sufrir una forma grave del síndrome premenstrual, aveces llamado trastorno disfórico premenstrual. Esta es una enfermedad producida por cambios hormonales que ocurren cerca del periodo de la ovulación y antes de que comience la menstruación. Durante la transición a la menopausia, algunas mujeres experimentan un mayor riesgo de sufrir depresión. Científicos están explorando la forma en la que la elevación y la disminución cíclicas del estrógeno y de otras hormonas pueden afectar la química del cerebro que está relacionada con la enfermedad depresiva.

Finalmente, muchas mujeres enfrentan el estrés adicional del trabajo y de las responsabilidades del hogar, cuidado de los hijos y padres ancianos, maltrato, pobreza, y tensiones de las relaciones. Aún no está claro por qué algunas mujeres que enfrentan desafíos inmensos padecen de depresión, mientras que otras con desafíos similares no la padecen.

¿Cómo experimentan los hombres la depresión?

Los hombres experimentan la depresión de manera distinta que las mujeres y pueden enfrentar los síntomas de diferentes modos. Los hombres tienden más a reconocer que sienten fatiga, irritabilidad, pérdida de interés en las actividades que antes resultaban placenteras, y que tienen el sueño alterado, mientras que las mujeres tienden más a admitir sentimientos de tristeza, inutilidad, o culpa excesiva.

Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de acudir al alcohol o a las drogas cuando están deprimidos, frustrados, desalentados, irritados, enojados, o a veces abusivos. Algunos hombres se envician al trabajo para evitar hablar acerca de su depresión con la familia o amigos o comienzan a mostrar un comportamiento imprudente o riesgoso. Y aunque en los Estados Unidos, son más las mujeres que intentan suicidarse, son más los hombres que mueren por suicidio.

¿Cómo experimentan los ancianos la depresión?

La depresión no es algo normal del envejecimiento y existen estudios que muestran que la mayoría de los ancianos se sienten satisfechos con sus vidas a pesar del aumento de dolores físicos. Sin embargo, cuando la depresión se presenta en ancianos, puede ser pasada por alto porque ellos pueden mostrar síntomas menos evidentes y porque pueden estar menos propensos a sufrir o reconocer sentimientos de tristeza o pena.15

Además, los ancianos pueden tener más condiciones médicas tales como enfermedad cardiaca, derrame cerebral, o cáncer, las cuales pueden provocar síntomas de depresión, o pueden estar tomando medicamentos cuyos efectos secundarios contribuyen a la depresión. Algunos adultos mayores pueden padecer lo que algunos médicos llaman depresión vascular, también llamada depresión arterioesclerótica o depresión isquémica subcortical. La depresión vascular puede suceder cuando los vasos sanguíneos pierden flexibilidad y se endurecen con el tiempo y se contraen. Este endurecimiento de los vasos evita que el flujo normal sanguíneo llegue a los órganos del cuerpo, incluyendo el cerebro. Las personas con depresión vascular pueden tener o estar en riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular o derrame cerebral coexistente.

Aunque muchas personas suponen que las tasas más altas de suicidio se dan entre los jóvenes, en realidad se dan entre los hombres blancos mayores de 85 años. Muchos sufren una enfermedad depresiva que los médicos no pueden detectar, a pesar del hecho de que estas víctimas de suicidio a menudo visitan a su médico dentro del mes anterior a su muerte.17

La mayoría de los ancianos con depresión mejoran cuando reciben tratamiento con antidepresivos, psicoterapia, o una combinación de ambos. Investigaciones han demostrado que tanto la medicación sola como los tratamientos combinados son eficaces para reducir la tasa de reaparición de la depresión en adultos. La psicoterapia sola también puede prolongar los períodos sin depresión, especialmente en ancianos con depresión leve y es particularmente útil para aquellos que no pueden o no desean tomar antidepresivos.

La depresión no es algo normal del envejecimiento.

¿Cómo experimentan los niños y los adolescentes la depresión?

Científicos y médicos han comenzado a considerar seriamente el riesgo de la depresión en niños. Investigaciones han mostrado que la depresión en la niñez a menudo persiste, recurre, y se prolonga en la adultez especialmente si no se recibe tratamiento. La presencia de la depresión en la niñez también tiende a predecir enfermedades más graves en la edad adulta.

Un niño con depresión puede fingir estar enfermo, negarse a ir a la escuela, aferrarse a un padre, o preocuparse de que uno de sus padres pueda morir. Los niños mayores pueden estar de mal humor, meterse en problemas en la escuela, ser negativos e irritables, y sentirse incomprendidos. Como estas señales pueden percibirse como cambios de ánimo normales típicos de los niños mientras avanzan por las etapas del desarrollo, puede ser difícil diagnosticar con exactitud que una persona joven padece depresión.

Antes de la pubertad, los niños y las niñas tienen las mismas probabilidades de sufrir trastornos de depresión. Sin embargo, a los 15 años, las mujeres tienen el doble de probabilidad que los hombres de haber padecido un episodio de depresión grave.

La depresión en los adolescentes se presenta en un momento de grandes cambios personales, cuando hombres y mujeres están definiendo una identidad distinta a la de sus padres, lidiando con asuntos de género y su sexualidad emergente, y tomando decisiones por primera vez en sus vidas. La depresión en la adolescencia a menudo coexiste con otros trastornos tales como ansiedad, comportamiento perturbador, trastornos alimenticios, o abuso de sustancias. También puede conducir a un aumento en el riesgo de suicidio.

Un estudio clínico financiado por el NIMH que abarcó a 439 adolescentes con depresión grave descubrió que una combinación de medicación y psicoterapia era la opción de tratamiento más efectiva. Otras investigaciones financiadas por el NIMH están desarrollando y probando maneras de prevenir el suicidio en niños y adolescentes, incluyendo diagnóstico y tratamiento tempranos y un mejor entendimiento del pensamiento suicida.

La depresión en la niñez a menudo persiste, recurre, y se prolonga en la adultez especialmente si no se recibe tratamiento.

¿Cómo se detecta y trata la depresión?

La depresión, aun en los casos más graves, es un trastorno altamente tratable. Al igual que con muchas enfermedades, mientras más pronto pueda comenzar el tratamiento, más efectivo es y las probabilidades de prevenir una repetición son mayores.

El primer paso para obtener el tratamiento adecuado es visitar a un médico. Ciertos medicamentos y condiciones médicas, tales como virus o trastornos de tiroides, pueden provocar los mismos síntomas que la depresión. Un médico puede descartar estas posibilidades por medio de un examen físico, una entrevista, y pruebas de laboratorio. Si el médico puede descartar a una condición médica como la causa, él o ella debe llevar a cabo una evaluación psicológica o referir al paciente a un profesional de la salud mental.

El médico o profesional de la salud mental llevará acabo una evaluación diagnóstica completa. Él o ella debe conversar con el paciente sobre cualquier antecedente familiar de depresión y obtener todos los antecedentes de los síntomas, por ejemplo, cuándo comenzaron, cuánto han durado, su gravedad, y si ocurrieron antes, y si los síntomas ocurrieron antes, cómo fueron tratados. Él o ella también debe preguntar si el paciente consume alcohol o drogas y si ha tenido pensamientos suicidas o de muerte.

Una vez diagnosticada, una persona con depresión puede ser tratada con varios métodos. Los tratamientos más comunes son la medicación y la psicoterapia.

Medicamentos

Los antidepresivos normalizan las sustancias químicas naturales del cerebro llamadas neurotransmisores, principalmente la serotonina y la norepinefrina. Otros antidepresivos normalizan el neurotransmisor dopamina. Los científicos que estudian la depresión han descubierto que estas sustancias químicas en particular participan en la regulación de los estados de ánimo, pero no están seguros de cómo exactamente funcionan.

Los tipos de medicamentos antidepresivos más nuevos y populares se llaman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Entre los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina se encuentran la fluoxetina (Prozac), el citalopram (Celexa), la sertralina (Zoloft), y varios otros. Los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina son similares a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina e incluyen la venlafaxina (Effexor) y la duloxetina (Cymbalta). Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina son más populares que los antidepresivos más antiguos, como los tricíclicos (llamados así por su estructura química) y los inhibidores de la monoamino oxidasa porque tienden a tener menos efectos secundarios. No obstante, los medicamentos pueden tener distintos efectos en las personas, no existe una única propuesta cuando se trata de medicamentos. Por lo tanto, los antidepresivos tricíclicos o los inhibidores de la monoamino oxidasa pueden ser la mejor opción para ciertas personas.

Las personas que tomen inhibidores de la monoamino oxidasa deben atenerse a significativas restricciones alimenticias y medicinales para evitar posibles interacciones graves. Deben evitar ciertos alimentos que contienen niveles altos de la sustancia tiramina, la cual está presente en muchos quesos, vinos, y pepinillos así como en algunos medicamentos descongestivos. Los inhibidores de la monoamino oxidasa interactúan con la tiramina de tal forma que pueden causar un aumento agudo en la presión arterial, lo cual podría llevar a un derrame cerebral. El médico debe proporcionarle al paciente que tome inhibidores de la monoamino oxidasa una lista completa de los alimentos, medicamentos, y substancias prohibidas.

Con cualquier clase de antidepresivo, los pacientes deben tomar dosis regulares durante al menos tres a cuatro semanas antes de poder experimentar un efecto terapéutico completo. Deben continuar con los medicamentos durante el tiempo especificado por su médico, aun si se siente mejor, para de esta manera evitar una recaída de la depresión. Los medicamentos únicamente deben interrumpirse bajo supervisión médica. Algunos medicamentos deben dejarse de tomar gradualmente a fin de darle al organismo tiempo para ajustarse. Aunque los antidepresivos no forman hábito ni son adictivos, el dejar de tomar repentinamente un antidepresivo puede provocar síndrome de abstinencia o una recaída. Algunos personas, tales como aquellas que sufren depresión crónica o recurrente, pueden necesitar medicamentos por tiempo indefinido.

Además, si un medicamento no funciona, el paciente debe estar dispuesto a probar otro. Investigaciones financiadas por el NIMH han demostrado que los pacientes que no mejoraron luego de tomar un primer medicamento aumentaron sus probabilidades de liberarse de los síntomas luego de cambiar a otro medicamento o agregar uno nuevo al que ya estaban tomando.

Algunas veces se utilizan estimulantes, medicamentos para la ansiedad, u otros medicamentos en combinación con un antidepresivo, especialmente si el paciente padece un trastorno mental o físico coexistente. Sin embargo, ni los medicamentos para la ansiedad ni los estimulantes son efectivos contra la depresión si se toman solos y ambos deben tomarse solamente bajo estrecha supervisión médica.

¿Cuáles son los efectos secundarios de los antidepresivos?

Los antidepresivos pueden causar efectos secundarios leves y a menudo temporales en algunas personas, pero por lo general, no son duraderos. Sin embargo, cualquier reacción inusual o efecto secundario que interfiera con el desempeño normal debe ser inmediatamente comunicado al médico.

Efectos Secundarios

Los efectos secundarios más comunes asociados con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina incluyen:

Dolor de cabeza—generalmente es temporal y pasa.
Náuseas—temporales y generalmente de breve duración.
Insomnio y nerviosismo (dificultad para dormir o despertar con frecuencia durante la noche)—pueden ocurrir durante las primeras semanas pero a menudo disminuyen con el tiempo o con la reducción de la dosis.
Inquietud (sensación de ansiedad y nerviosismo).
Problemas sexuales—tanto hombres como mujeres pueden experimentar problemas sexuales que incluyen disminución del deseo sexual, disfunción eréctil, eyaculación retardada, o anorgasmia (incapaz de tener un orgasmo).
Los antidepresivos tricíclicos también pueden causar algunos de los siguientes efectos secundarios:

Boca seca—beber mucha agua, mascar chicle, y cepillarse los dientes a diario ayuda con esto.
Estreñimiento—ingerir más cereales de fibra, pasas, frutas, y verduras ayudan con esto.
Problemas de la vejiga—puede haber dificultad para vaciar la vejiga y el chorro de orina puede ser más débil que de costumbre. Es posible que los hombres mayores que sufren agrandamiento de la próstata resulten más afectados. Notifique de inmediato al médico si siente dolor al orinar.
Problemas sexuales—puede variar el desempeño sexual y los efectos secundarios son similares a los de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
Visión borrosa—a menudo desaparece rápidamente y no necesitará una nueva receta de lentes correctivos.
Somnolencia (tener sueño) durante el día—generalmente desaparece rápidamente pero se debe evitar conducir u operar maquinaria pesada mientras exista un estado de somnolencia. Los antidepresivos con mayor efecto sedante generalmente se toman por la noche para ayudar a dormir y evitar la somnolencia durante el día.
Informe inmediatamente a un doctor sobre cualquier efecto secundario inusual.

Advertencia de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) sobre los antidepresivos

A pesar de que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros antidepresivos son relativamente seguros y populares, algunos estudios han demostrado que pueden causar efectos no deseados en algunas personas, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. En el 2004, la FDA revisó exhaustivamente los resultados publicados y no publicados de estudios clínicos controlados sobre antidepresivos que abarcaron a casi 4.400 niños y adolescentes. Esta revisión reveló que el 4 por ciento de quienes tomaban antidepresivos tuvieron pensamientos suicidas o intentaron suicidarse (aunque ningún suicidio ocurrió) en comparación al 2 por ciento de quienes tomaron placebos.

Esta información instó a la FDA a adoptar, en el 2005, una etiqueta de advertencia de “caja negra” en todos los medicamentos antidepresivos para alertar al público acerca del posible aumento en el riesgo de pensamientos suicidas o intentos de suicidio en niños y adolescentes que toman antidepresivos. En el 2007, la FDA propuso que los fabricantes de todos los medicamentos antidepresivos extendieran la advertencia para incluir a pacientes jóvenes de hasta 24 años. Una advertencia de “caja negra” es la advertencia más seria que se aplica en las etiquetas de medicamentos recetados.

La advertencia destaca que los pacientes de todas las edades que toman antidepresivos deben ser cercanamente observados, especialmente durante las primeras semanas del tratamiento. Los posibles efectos secundarios que se deben buscar son empeoramiento de la depresión, pensamiento o comportamiento suicida, o cualquier cambio inusual en el comportamiento tal como falta de sueño, inquietud, o aislamiento de situaciones sociales normales. La advertencia agrega que las familias y los cuidadores del paciente también deben ser informados de la necesidad de observar cercanamente y notificar cualquier cambio en el paciente al médico. La información más reciente de la FDA se puede encontrar en su sitio web.

Los resultados de una revisión completa de ensayos pediátricos realizados entre 1988 y 2006 sugieren que los beneficios de los medicamentos antidepresivos pueden ser mayores que los riesgos para niños y adolescentes con trastornos graves de depresión y ansiedad.28 El estudio fue parcialmente financiado por el NIMH.

Finalmente, la FDA ha advertido que combinar los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina, los cuáles son antidepresivos más nuevos, con uno de los medicamentos “triptán”, que son comúnmente usados para tratar el dolor de migraña, podría causar una enfermedad con peligro de muerte llamada “síndrome de la serotonina.” Una persona con síndrome de la serotonina puede ponerse inquieta/nerviosa, tener alucinaciones (ver u oír cosas que no son reales), tener temperatura alta, o tener cambios inusuales de presión arterial. El síndrome de la serotonina es generalmente asociado con los antidepresivos más viejos llamados monoamino oxidasa, pero también se puede sufrir de este síndrome con los antidepresivos más nuevos si estos son mezclados con medicamentos incorrectos.

Pacientes de todas las edades que toman antidepresivos deben ser cercanamente observados.

Psicoterapia

Varios tipos de psicoterapia o “terapia de diálogo” pueden ayudar a las personas con depresión.

Algunos tratamientos son de corto plazo (10 a 20 semanas) y otros son de largo plazo, según las necesidades del individuo. Existen dos tipos principales de psicoterapia, la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal, las cuáles han probado ser efectivas en el tratamiento de la depresión. Al enseñar nuevas maneras de pensar y de comportarse, la terapia cognitivo-conductual ayuda a las personas a cambiar sus estilos negativos de pensamiento y de comportamiento que pueden contribuir a su depresión. La terapia interpersonal ayuda a las personas a entender y resolver relaciones personales problemáticas que pueden causar o empeorar su depresión.

La psicoterapia puede ser la mejor opción para tratar la depresión leve a moderada. Sin embargo, para casos graves de depresión o para ciertas personas, la psicoterapia puede no ser suficiente. Estudios han indicado que una combinación de medicamentos y psicoterapia pueden ser para los adolescentes la opción más efectiva para tratar la depresión y reducir la probabilidad de una reaparición.25 Del mismo modo, un estudio sobre el tratamiento de la depresión en ancianos descubrió que los pacientes que respondieron al primer tratamiento de medicamentos y terapia interpersonal tenían menos probabilidades de volver a sufrir de depresión si continuaban con su tratamiento combinado durante al menos dos años.21

Terapia electroconvulsiva

En los casos en que ni los medicamentos y/ni la psicoterapia ayudan a aliviar una depresión resistente al tratamiento, puede ser útil la terapia electroconvulsiva. La terapia electroconvulsiva, antes conocida como “terapia de choque”, solía tener una mala reputación. Pero esta ha mejorado notablemente en los últimos años y puede ofrecer alivio a personas con depresión grave que no han podido sentir ninguna mejoría con otros tratamientos.

Antes de administrar la terapia electroconvulsiva, al paciente se le administra un relajante muscular y se le anestesia brevemente. El paciente no es consciente del pulso eléctrico que se aplica en la terapia electroconvulsiva. Típicamente, al paciente se le somete a terapia electroconvulsiva varias veces a la semana y a menudo es necesario que tome un medicamento antidepresivo o estabilizador del ánimo para complementar los tratamientos con terapia electroconvulsiva y prevenir una recaída. Aunque algunos pacientes únicamente necesitan unas pocas aplicaciones de terapia electroconvulsiva, otros pueden necesitar terapia electroconvulsiva de mantenimiento, al principio, usualmente una vez a la semana y luego cada vez menos hasta llegar a tratamientos mensuales de hasta un año.

La terapia electroconvulsiva puede ocasionar algunos efectos secundarios de corto plazo, incluyendo confusión, desorientación, y pérdida de memoria. Pero, por lo general, estos efectos secundarios desaparecen pronto después del tratamiento. Investigaciones han indicado que al cabo de un año de tratamiento con terapia electroconvulsiva, los pacientes no presentan efectos cognitivos adversos.30

¿Qué esfuerzos están en proceso para mejorar los tratamientos?

Investigadores están buscando maneras para mejorar el entendimiento, el diagnóstico, y el tratamiento de la depresión en todos los grupos de pacientes. Se están probando nuevos posibles tratamientos que dan esperanza a quienes viven con una depresión particularmente difícil de tratar y los investigadores están estudiando los factores de riesgo de la depresión y cómo afecta el cerebro. El NIMH continúa financiando investigaciones de máxima calidad acerca de este trastorno debilitante.

Para obtener más información acerca de investigaciones sobre la depresión financiadas por el NIMH, visite el sitio web del NIMH.

El NIMH financia investigaciones de máxima calidad acerca de este trastorno debilitante.
¿Cómo puedo ayudar a un amigo o familiar deprimido?

Si conoce a alguien que está deprimido, esto también le afecta a usted. Lo primero y más importante que puede hacer para ayudar a un amigo(a) o familiar con depresión es ayudarlo(a) a conseguir un diagnóstico y tratamiento adecuados. Tal vez necesite pedir una cita a nombre de su amigo(a) o familiar y acompañarlo(a) a ver al médico. Anímelo(a) a no abandonar el tratamiento o a que busque un tratamiento diferente si no se ven mejorías al cabo de seis a ocho semanas.

Ayude a un Amigo(a) o Familiar

Ofrézcale apoyo emocional, comprensión, paciencia, y animo.
Entable una conversación con su amigo(a) o familiar y escuchelo(a) con atención.
Nunca desacredite los sentimientos que su amigo(a) o familiar manifieste pero señale las realidades y ofrezca esperanza.
Nunca ignore los comentarios acerca del suicidio y comuníquelos a los familiares, terapeuta, o médico de su amigo(a) o familiar.
Invite a su amigo(a) o familiar a hacer caminatas, excursiones, y otras actividades. Aunque él o ella se nieguen, siga intentándolo, pero no lo(a) presione a hacer demasiadas cosas demasiado pronto. Aunque las distracciones y la compañía son necesarias, demasiadas exigencias pueden aumentar los sentimientos de fracaso.
Recuérdele a su amigo(a) o familiar que con el tiempo y con tratamiento, la depresión pasará.
¿Cómo puedo ayudarme si estoy deprimido?

Si usted tiene depresión, seguramente se siente exhausto, indefenso, y desesperanzado. Hacer algo para ayudarse puede ser extremadamente difícil. Pero es importante que se dé cuenta de que estos sentimientos son parte de la depresión y no reflejan con exactitud las circunstancias reales. A medida que usted comience a reconocer su depresión y comience con un tratamiento, el pensamiento negativo desaparecerá.

Ayúdese Usted Mismo

Comience a practicar actividades o ejercicios físicos moderados. Vaya al cine, a algún juego de pelota, o a algún otro evento o actividad que solía disfrutar. Participe en actividades religiosas, sociales, o de otro tipo.
Asignese metas realistas.
Divida las tareas grandes en tareas pequeñas, establezca algunas prioridades, y haga lo que pueda cuando pueda.
Trate de pasar tiempo con otras personas y elija un amigo(a) o familiar de confianza como confidente. Trate de no aislarse y deje que los demás lo ayuden.
Espere que su ánimo mejore poco a poco y no de inmediato. No espere salir de su depresión con un “abrir y cerrar de ojos”. Frecuentemente, durante el tratamiento de la depresión, el sueño y el apetito comenzarán a mejorar antes de que su estado de ánimo deprimido desaparezca.
Aplace las decisiones importantes, tales como contraer matrimonio, divorciarse, o cambiar de empleo, hasta que se sienta mejor. Hable sobre decisiones con otras personas que lo conozcan bien y tengan una visión más objetiva de su situación.
Recuerde que los pensamientos positivos reemplazará los pensamientos negativos a medida que su depresión responda al tratamiento.
¿Dónde puedo ir para obtener ayuda?

Si no está seguro acerca de dónde ir para obtener ayuda, pregúntele a su médico de familia. La siguiente lista menciona otros recursos para obtener ayuda:

Recursos para la Salud Mental

Especialistas de la salud mental, tales como psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, o consejeros de la salud mental;
Organizaciones del cuidado de la salud;
Centros comunitarios de la salud mental;
Departamentos de psiquiatría de los hospitales y clínicas para pacientes ambulatorios;
Programas de la salud mental en universidades o facultades de medicina;
Clínicas estatales para pacientes ambulatorios;
Servicios para la familia, agencias sociales, o iglesias;
Grupos de apoyo;Clínicas e instituciones privadas;
Programas de asistencia para empleados;
Asociaciones médicas o psiquiátricas locales.
También puede buscar números de teléfono y direcciones en el directorio telefónico bajo las secciones “salud mental” (mental health), “salud” (health), “servicios sociales” (social services), “líneas de apoyo” (hotlines), o “médicos” (physicians). Un médico de sala de emergencia también puede brindarle ayuda temporaria e informarle dónde y cómo obtener más ayuda.